7 jun. 2009

Libros, libros, libros

Como cada año, acompañada del inevitable chaparrón, la Feria del Libro de Madrid inunda el parque del Retiro de casetas, escritores, lectores y...libros, muchos libros. Una fiesta de la palabra escrita porque ¿qué mejor cosa podemos hacer en esta vida que leer y leer?

Con ese motivo y para ayudaros a aprovisionaros de material de lectura para las horas ociosas del ya cercano verano, me permito recomendaros cuatro libros, a cual mejor.

- "El Atlas del mundo de las vivencias" de VV. AA. Editorial Casariego (caseta nº 211), compuesto de maravillosos mapas psicológicos, de mucha enjundia, dónde se pueden encontrar los Cerros de übeda, un mar de dudas, los Picos Pardos, la Ceca y la Meca,...y un sinfín de topónimos imaginarios con resonancias emocionales. Una delicia. En World of Experience podéis ver el mapa general en versión inglesa.


- "Otros colores" del nobel Orhan Pamuk, Editorial Mondadori (caseta nº 171) maravillosa continuación del libro titulado "Estambul", una descripción de la cultura, la sociedad y la historia estambulí, esa realidad mestiza entre oriente y occidente que tanto recuerda a la España de hace unos años. Todo lo que no sale en un mapa de la ciudad.







- "El artesano" de Richard Sennett, Editorial Anagrama (caseta nº 323), ensayo que nos habla de la artesanía y los artesanos, como los alfareros, los lutiers, los cocineros,...y tambien los programadores de linux, los wikipedistas y ¿porque no? los cartógrafos. La artesanía se basa en la cultura de algo concreto y práctico y en el conocimiento tácito que se transmite por contacto humano directo. La motivación básica del artesano es lograr un trabajo bien hecho por la simple satisfacción de conseguirlo.


- "Historias de la Alcarama" de Abel Hernández, Editorial Gadir (caseta nº 98), dónde el autor, nacido en Sarnago (Soria) en 1937, describe una cultura rural ya extinguida, más solidaria y en continuo contacto con la naturaleza. Contiene descripciones tan buenas como ésta:

"El término municipal de Sarnago se dividía en dos mitades bien diferenciadas: el monte y el raso. En el raso estaban las tierras de cultivo, sin un árbol ni un espacio llano. Lomas, laderas, cerros y barrancos con grandes ribazos poblados de aulagas, espinos y escaramujos y majuelos entre bancal y bancal de barbecho o rastrojera. El monte arrancaba del pueblo para arriba, casi invisible para el viajero poco avisado. Y era parte sustancial del alma del pueblo. De hecho nos llamaban montunos."

Mejor que muchos SIG.

Publicado por Antonio F. Rodríguez