23 abr. 2018

De la importancia de tener una estrategia de datos


La entrada que publicó el pasado sábado Enrique Dans en su blog personal, titulado «Tesla vs Waymo: la importancia de tener una estrategia de datos», me parece clave en el momento actual y perfectamente aplicable en nuestro campo: el de la producción de datos geográficos.

Dans cita un artículo que analiza la estrategia de las dos compañías sobre cómo conseguir datos de entrada, cómo seleccionarlos, valorarlos y utilizarlos, aspectos todos ellos esenciales cuando se trata de lanzar un coche autónomo a la carretera. En esa situación, es capital que el sistema adquiera la máxima experiencia en el mínimo tiempo posible.

Hay que pensar que cualquiera de esos coches ha tenido la oportunidad de enfrentarse a más situaciones extrañas y comprometidas que cualquier conductor mortal. Y a la vez, como las circunstancias extraordinarias que se pueden presentar en las calles y carreteras a recorrer son casi infinitas e impredecibles, el cómo gestionar el universo de datos de entrada es de la máxima importancia para optimizar el sistema.

El artículo original no solo sirve para analizar la estrategia de datos de ambas compañías, sino que sugiere una idea que se impone como evidente: que sólo las organizaciones que desarrollen y ejecuten una buena estrategia de datos serán competitivas en el futuro.

En particular, los productores de datos geográficos, que ya están en plena metamorfosis para convertirse en proveedores de servicios web, herramientas, API, app... es decir proveedores de recursos, necesitan ahora acometer una segunda transformación, centrada en los datos, al menos desde dos puntos de vista.

Por un lado, gestionar muy bien qué datos de entrada utilizan, cómo los seleccionan, depuran y comprueban porque en un mundo plagado de datos geográficos por doquier, no tiene sentido volver a capturarlos una vez más. Por otro lado, gestionar adecuadamente la retroalimentación de los usuarios puede ser el otro aspecto fundamental. Los servicios estándar han anonimizado de manera radical al usuario, queda ahora pendiente la tarea de restablecer canales de comunicación no invasivos, incluso gratificantes, para conocer su opinión y fomentarla.

Si no, será cada vez más difícil satisfacer sus necesidades, siempre cambiantes y en evolución y lograr ese acoplamiento mágico en el que los usuarios sienten y ven la huella de sus deseos en lo que reciben.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

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