29 dic. 2011

De la “ciencia ficción” a la “ciencia geoespacial”

Pienso que el año 2011, en el que el nombre de Steve Jobs ha quedado esculpido para la Historia, ha supuesto un importante salto del “social not-working” al empleo de tecnologías para el auténtico “social networking”.

En el ámbito del derecho geoespacial ha quedado también confirmado en las recientes II Jornadas Ibéricas de Infraestructuras de Datos Espaciales (JIIDE) celebradas en Barcelona. Sin duda, al networking geoespacial ha contribuido la aprobación aquellos días del Real Decreto (Real Decreto 1495/2011, de 24 de octubre) por el que se desarrolla la Ley sobre reutilización de la información del sector público, para el sector público estatal (Ley 37/2007, de 16 de noviembre).

Esta norma culmina la tramitación de una Ley que, siguiendo las mejores prácticas del Gobierno Abierto, fue sometida a un enriquecedor trámite de información pública. A pesar de algunos aspectos criticables por incompletos o confusos, esta nueva norma ha sido recibida con el apoyo generalizado del sector privado, la sociedad civil y el sector público.

El objetivo del Real Decreto es situar a España junto a países de vanguardia en materia de apertura de datos públicos, como Estados Unidos (http://www.data.gov/) o Reino Unido (http://data.gov.uk/), los cuales incluyen también datos personales de los ciudadanos. La norma aprobada en España permitirá la creación de nuevos productos y servicios de valor añadido en el sector de los contenidos digitales, como por ejemplo las nuevas sedes electrónicas, y contribuirá a la transparencia en la actuación de las administraciones públicas.

En este contexto, el año 2012 presenta nuevas oportunidades para seguir avanzando en la “ciencia geoespacial”, que progresivamente deja de ser “ciencia ficción” para convertirse en una herramienta cotidiana de trabajo.

En primer lugar, el estado de la tecnología ya dispone de dispositivos y de aplicaciones capaces de que los “big data” sean cada vez mayores y mejores, con un impacto no sólo técnico, sino también social, empresarial y práctico, pues los profesionales, también los de la abogacía, y los usuarios cada vez más saben cómo acceder y emplear grandes cantidades de datos como la información geoespacial. Baste el ejemplo de la consulta y descarga masiva de datos catastrales. Percibo, y no soy el único, que los directivos y gestores de negocios y administraciones cada día valoran más y mejor la disponibilidad y la interoperabilidad de la información para, con ella, tomar buenas y acertadas decisiones, muchas de las cuales tienen un indudable componente geoestratégico.

En segundo término, impresiona que la adopción de tecnologías móviles vaya ocupando un espacio cada vez mayor en el ámbito de las empresas y negocios, no sólo por la multiplicación de dispositivos de reducido tamaño sino también por la amplitud de aplicaciones que, con un masivo empleo de información espacial y geográfica, facilitan numerosos procesos de trabajo. En el marco de la Directiva ISP, la Unión Europea ha publicado el sorprendente dato de que en la actualidad es geoinformación el 76% de la totalidad de la Información del Sector Público.

Así, por último, es probable que el próximo año 2012 permita seguir creciendo en la difusión de la geoinformación, pero sobre todo en su utilización a través de los dispositivos de pequeña pantalla y aplicaciones móviles. Y lo que me parece más interesante es que, poco a poco, el “software empresarial” se parece más al “software de usuario”, más fácil de usar, más rápido, con menor necesidad de ser un “gurú tecnológico” para poder emplear potentes aplicaciones.

Se vislumbra además que en 2012 el incremento del uso de tecnología móvil será creciente, y desde la perspectiva del Derecho Geoespacial sería deseable el fomento de la interoperabilidad jurídica, y no sólo tecnológica, a través de sistemas específicos y oficiales, basados tal vez en la computación en nube, fomentando así no sólo el “social computing” sino también el “social networking”, gracias a las herramientas de colaboración disponibles, muchas de ellas de libre acceso y de muy reducido coste.

En definitiva, se confirma que las empresas y organizaciones desean los mejores datos, incluidos los geoespaciales, que les ayuden a tomar las mejores decisiones. Aunque no sea fácil, la buena y amplia información pública y espacial disponible ya recogida permite que los datos puedan ser bien analizados.

Publicado por Efrén Díaz (Bufete Mas y Calvet)