Actualmente se realizan distintos tests industriales para comprobar la calidad de los productos; criterios de calidad para los proyectos; métricas para saber si un software es eficiente. Hoy en día metemos a maniquíes en coches y los lanzamos a toda velocidad contra muros de hormigón, para ver si salen de una pieza, y así decidir si el coche es seguro o no. Antiguamente existía el juicio u ordalía del agua, que dice que si tiramos a una mujer a un lago, atándole una piedra al pie, y se hunde, no es una bruja. Si consigue salir a la superficie, es porque es una bruja, y hay que quemarla en la hoguera.
Para el software libre también existen pruebas, que son científicamente más correctas que la ordalía del agua. Durante el desarrollo de las licencias de software libre (como, por ejemplo, la GPL) en la década de los 90, existen dos pruebas más o menos famosas: la prueba de la isla desierta y la prueba del disidente; ambas formaron parte integral en el desarrollo de las Debian Free Software Guidelines o DFSG. Dado que las DFSG son sólo una definición, era difícil entenderlas por sí mismas, necesitando de algún caso práctico o ilustrativo.
Por ejemplo, la prueba de la isla desierta supone un náufrago con un ordenador portátil alimentado con energía solar, que contiene software libre. Para que ese software sea libre, el náufrago debe *no* estar obligado legalmente a redistribuir el software o su código fuente al resto del mundo, dado que no tiene posibilidad de hacerlo. Técnicamente, esta prueba sirve para comprobar que una licencia exige la redistribución del código fuente sólo cuando se distribuye el ejecutable. Esto hace más fácil entender si una licencia de software cumple con la DFSG que únicamente comparando la licencia contra las DFSG.
¿Y para la información geográfica? ¿Hay alguna prueba más o menos sencilla que nos permita saber si la información grográfica de las IDEs está en condiciones que realmente permitan a los ciudadanos aprovechar todo su potencial?
Para saber si una determinada información geográfica se puede considerar de libre uso y distribución, o sencillamente "libre", se puede consultar la Open Knowledge Definition o Definición de Conocimiento Abierto, análogamente a lo que sucede con el software libre y las DFSG, tal y como se expuso en la ponencia "¿Son "libres" los geodatos "libres"?. Sin embargo, es una definición un poco densa y complicada para personas no versadas en asuntos legales.
No hay una prueba fácil para saber si la información de una IDE se puede usar libremente o no.
Hasta ahora.
Propongo solemnemente la Prueba de la Tarta.
¿En qué consiste la Prueba de la Tarta? Fácil: Una información geográfica, o un mapa, es libre sólo si alguien te puede regalar una tarta con tu mapa encima.

Las tartas son una prueba empírica de que las IDEs no permiten el libre uso y distribución de la información, precisamente por las condiciones de licencia de los portales. Y son una prueba empírica que pudieron saborear los asistentes a las JIDEE09, comiéndose su propia ciudad.
Aunque los mapas, o la información geográfica, esté publicada en una web, y sea gratis, eso no significa que se pueda poner en una tarta. Algunos ejemplos de trabas técnicas o legales que impiden la "tartificación" de la información geográfica son:
- El no poder descargar la información a un ordenador.
- El no poder copiar la información a otro medio, o el no poder redistribuirla. Hay que ser capaz de copiar la información en un CD, o enviarla por correo electrónico a la pastelería.
- El no poder hacer un uso comercial, indirecto en este caso. Quien regala la tarta no obtiene ningún beneficio económico, pero el pastelero sí.
- La obligación de firmar acuerdos o licencias para el uso comercial. ¿O acaso tenemos que hacerle firmar al pastelero un acuerdo de licencia de redistribución de la información?
- La obligación de avisar del uso que se le da a la información. Si en cualquier punto del proceso hay que notificar de que vamos a regalar una tarta, no habría sorpresa.
Si una persona "de la calle" no puede decidir si puede o no puede regalar una tarta, o sencillamente no puede hacerlo, entonces los datos o mapas no se pueden utilizar libremente.
Por el contrario, si un día alguien regala por sorpresa una tarta con mapas o datos a los responsables de una IDE, entonces esa IDE va por el buen camino de la libertad de uso de la información. Y el día que eso pase, probablemente organicen una pequeña fiesta, que para eso habrá tarta.
La prueba de la tarta también es ilustrativa del concepto de la larga cola.
Habitualmente las IDEs van dirigidas a generar beneficio o abaratar costes en los grandes consumidores de información geográfica; esta es la parte verde, con pocos consumidores pero un gran volumen. Estaríamos hablando de administraciones públicas, y grandes proyectos y geoportales. Al otro extremo, en la parte amarilla, se encontrarían las tartas.Obviamente, la cartografía aplicada a los productos de pastelería supone una aportación totalmente marginal al PIB de la nación, pero es una aportación no nula y que, probablemente, nadie haya tenido en cuenta hasta ahora.
La larga cola está llena de tartas, y de cosas maravillosas que todavía no se han inventado. ¿Cuántas nuevas aplicaciones de la información geográfica quedan por descubrir? ¿Cuán grande es la larga cola de la cartografía? Lo único seguro es que para poder saberlo hay que permitir el uso libre de la información geográfica.
Publicado por Iván Sánchez Ortega
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